Las cesáreas y los derechos de las madres y bebes.

Las cesáreas ya representan un  porcentaje muy alto de los nacimientos un  (30% en Catalunya en el 2013) alejándonos escandalosamente de la recomendaciones de la O.M.S de no sobrepasar el máximo del 15%. El aumento de la tecnología y la necesidad de evitar riesgos llevan a realizar una serie de actuaciones médicas que interrumpen el proceso del parto fisiológico y natural. Es lo que se denomina cascada de intervenciones que puede derivar en una cesárea innecesaria. En otros casos (afortunadamente cada vez menos) ya son otros criterios alejados de la salud los que deciden esta práctica, como son los motivos personales del profesional o de la madre.

Lo cierto es que se trata de una cirugía mayor con sus posibles complicaciones para madre y bebe. Además en muchos ocasiones, por las formas y clima en que se practica genera todavía más estrés, cuando no violencia obstétrica, hacia la mujer y su criatura.

En todos los tipos de partos se deberían hacer todos los esfuerzos para crear las condiciones que permitan una vivencia plena y humana a madre e hijo. Aunque en los últimos años se ha avanzado  en general falta mucho camino para andar en esta dirección y las cesáreas van a la cola. Parir acompañada, tener a tu bebe contigo al nacer son cuestiones fundamentales para humanizar las cesáreas.  El último paso en este sentido son las recomendaciones recogidas en el informe de la Asociación española de Pediatria de este verano.

El informe afirma que si no hay complicaciones médicas se puede y debe  realizar sin problemas el piel con piel entre madre y bebe en estos partos por todos los beneficios que comporta. Solo hace falta una buena coordinación entre profesionales y vencer los miedos y prejuicios  instaurados en el sistema sanitario. Y en el caso que las hubiera, siempre está el padre para no tener que dejar solo al bebe.

Muchas veces no somos conscientes de lo que conlleva una cesárea hasta que vivimos la situación y conocemos de cerca en nuestro propio cuerpo y alma lo que comporta. Así me pasó a mi. En mi caso fue imprevista. La viví sola, sin mi pareja porque no lo dejaron entrar. No me dejaron coger a mi bebe.  Y además tuve complicaciones postquirúrgicas.

Durante mucho tiempo la recordé con miedo al evocar el dolor y la hemorragia  a las pocas horas del parto. Con rabia al cabo de un par de años cuando descubrí gracias al grupo “Apoyo cesáreas“ del Parto es Nuestro y otras asociaciones como Donallum que la mia había sido una “innecesárea” y por si fuera acompañada de mala praxis. Y finalmente con serenidad y aceptación, no porque no fuera  necesario reclamar y denunciar, (cosa que hice) sino porque necesitaba reencontrame conmigo misma y mi hijo.

A los dos nos destrozaron los primeros momentos de nuestro  encuentro. Sin embargo  a la larga este episodio fue uno de los mayores desencadenantes de mi crecimiento personal y de mi aprendizaje como madre.  Además (y es lo más valorado) hizo mil veces más grande el amor por ese niño que casi no pude tocar al nacer.

Mi historia personal como la de muchas otras mujeres expone los dos problemas actuales: el abuso de practicar cesáreas sin motivos médicos reales y la falta de humanización de estas intervenciones. Humanizar las cesáreas y velar porque se realicen las estrictamente necesarias es fundamental en estos tiempos que corren. Cuando la cesárea está realmente indicada salva vidas y si además se realiza con respeto y salvaguardando los derechos de madre y bebé puede ser un parto del que la mujer se sienta satisfecha y plena.

Muchas son las mujeres embarazadas que cuando hacen su plan de parto no contemplan la opción de la cesárea. Piensan “como todo va bien no la necesitaré”. Mi consejo habitual como doula es animarlas a que indaguen y se informen de cómo se realizan las cesáreas en el centro hospitalario escogido por si acaso. Averiguar su porcentaje, si permiten la presencia de la pareja, si se hace el piel con piel tras nacimiento, si existe la posibilidad de esperarse a que haya los primeros señales naturales de parto (si no hay peligro obviamente), etc.. Y que con toda esta información  valoren su elección de hospital y recojan en su plan de parto las indicaciones que crean pertinentes por si llegase ese momento.

En el caso de aquellas futuras madres que ya contemplan por indicación médica que su hijo/a nacerá de esta forma, además de todo lo anterior creo importante aconsejarlas que  busquen una segunda opinión profesional para valorar (si las hay)  otras posibles posibilidades de parto.  A estas alturas de la historia sabemos que no todos los profesionales ni todos los hospitales merecen la misma confianza.

El nacimiento de nuestros hijos e hijas debería ser siempre un momento sagrado y mágico, tal como dice Michel Odent «Para cambiar el mundo hay que cambiar la forma en  que nacemos”.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *